26/11/2011

APOCUNA

Apocuna

En el Tahuantinsuyo, después del Sapa Inca, los hombres más poderosos eran los Apocunas o Suyuyuc Apus. Eran los máximos jefes de las cuatro suyos o regiones del Imperio. Los nombraba directamente el Sapa Inca entre sus hermanos o parientes de más capacidad y confianza. Tenían residencia en el Cusco, pero debían recorrer constantemente sus jurisdicciones para resolver vigilar la producción, el orden y resolver diversos litigios entre curacas o tucricuts (gobernadores provinciales). Eran transportados en andas, con gran pompa, y gozaban de premios y privilegios si desempeñaban una buena función.

Tradicionalmente se dice que cada Sapa Inca tenía 4 suyuyuc-apus, uno por cada suyo. Sin embargo, algunos etnohistoriadores como Franklin Pease recogen la versión del cronista indígena Guamán Poma de Ayala, quien aseguró que el Collasuyo y el Chinchaysuyo tenían 4 suyuyucs cada uno; mientras que el Contiuyo y el Antisuyo contaban con 2 cada uno. Estos 12 apocunas eran reunidos por el Sapa Inca para el Tahuantinsuyo Camachic, que era el asamblea o consejo imperial. Aquí debían ayudar al soberano a tomar las mejores decisiones en cuestiones de vital importancia para el Estado.

Los suyuyuc apus contaban con varios ayudantes, entre los que destacan los quipucamayos, encargados en llevar con precisión las cuentas y las estadísticas de la producción, la población y los tributos de todas las regiones y provincias del Tahuantinuyo.

Finalmente, los cronistas rescataron los nombres de los cuatro apocunas del Inca Huayna Cápac; estos fueron: Apo Chularico, Apo Ancha, Apo Cuyuchi, Apo Hualpaya.

EL INCA

El Inca

El Inca o Sapa Inca era el supremo emperador del Tahuantinsuyo. Los cronistas cuentan que también era llamado Intipchurin, es decir “hijo del Sol”. La capac cuna o lista oficial de gobernantes incas está conformada por 13 soberanos, desde la fundación del Cusco (1250) hasta la captura de Atahualpa (1532).

A decir del etnohistoriador Waldemar Espinoza, la palabra Inca proviene del puquina Enca que significa principio generador de vida o modelo original de todas las cosas. Sapan es palabra quechua que significa grande. Entonces el Sapa Inca se traduce como “el gran principio vital” de todo lo existente en el mundo. El cronista Huamán Poma de Ayala señala que también se le llamaba Capac Apu Inca, que significa “poderoso señor que origina las cosas”.

En efecto, el Sapa Inca era objeto de culto, pues oficiaba de intermediario entre el Hanan Pacha -el mundo de los dioses- y el Kay Pacha –el mundo de los hombres. Los cronistas coinciden en mencionar que conversaba y negociaba favores con los huacas o dioses del cosmos andino. De igual forma, se sabe que participaba en las principales fiestas y ritos religiosas del Cusco como el Inti Raymi en junio y el Cápac Raymi, en diciembre.

Los primeros cinco gobernantes vivieron en el Inticancha o templo del Sol, pero desde Inca Roca en adelante cada Sapa Inca se mandó construir hermosos palacios de piedras finamente talladas. Gozaba del boato, banquetes e incomparable poder. Usaba ropas muy finas bordadas de tokapus por expertas acllas, conocidas como “las doncellas del Sol”. Sus principales símbolos de autoridad eran la mascaypacha o borla imperial y el sunturpaucar o cetro emplumado. Se sentaba en un ushno o trono de oro, llevaba el cabello muy corto, usaba las tulumpis que eran discos de oro colgados en cada oreja.

Solo hablaba con nobles o personas de alto rango político y social. Y los que accedían a él debían acercarse descalzos y con una carga en la espalda, sin mirarlo de frente jamás.

Al trasladarse era llevado en andas de oro cargado solo por expertos de las etnias etnias soras, lucanas y parinacochas del actual departamento de Ayacucho.

El Sapa Inca podía tener varias esposas. Pero solo una ostentaba el rango de coya, la mujer principal. Podía elegir de coya a una de sus hermanas, pero algunos como Sinchi Roca y Pachacútec contrajeron matrimonio con hijas de reinos cercanos del Cusco por motivos de alianza política permanente. También se casaban con mujeres de las panacas o ayllus reales y con princesas de otras etnias, estableciendo relaciones de parentesco y reciprocidad con todos los reinos y señoríos anexados al Imperio.

Especialmente en la etapa imperial, el Sapa Inca ejercía un gobierno muy centralista y, según muchos cronistas, de carácter absoluto. Los suyuyuc, tocricuts y tucuy ricocs dependían directamente de sus designios. Además era el centro ordenador de las reciprocidades y director supremo de la redistribución en el mundo andino. Sobretodo controlaba la repartición de los bienes de más alto valor y prestigio: acllas o doncellas, yanaconas o siervos, ropa de lana de vicuña, maíz, coca y adornos de mullu (conchas del Ecuador) .

Cada soberano inca fundaba un ayllu real llamado panaca, el cual estaba integrado por sus descendientes, excepto su hatun auqui, heredero de la mascaypacha imperial. Su panaca se encargaba de momificar y vestir su cuerpo. A la momia del Sapa Inca se le llamaba mallqui y se le daba comida, bebida y fiestas para mantener su camaquen, osea su espítitu o fuerza vital.

20/11/2011

WILLAC UMU

El Willac Umu

Los conquistadores españoles del siglo XVI lo identificaron como el máximo sacerdote del Tahuantinsuyo con residencia en el majestuoso templo del Coricancha en el centro del Cusco. En la actualidad los estudiosos coinciden en resaltar la gran importancia y poder político que ostentaba.

Waldemar Espinoza señala que en el sistema político diárquico, implantado por Inca Roca, el Willac Umu era el “segundo Inca”.

Los primeros cinco monarcas eran jefes guerreros y a la vez sacerdotes. Recién con Inca Roca se separaron los poderes: el supremo mando político-militar lo ostentaba el Sapa Inca o “Inca de Hanan” y el religioso lo tenía el Willac Umu o “Inca de Hurin”. Sin embargo, en la etapa imperial los Sapa Incas se arrogaron el derecho de nombrar a los Willac Umus, pero debían dar preferencia a los miembros del bando Hurin Cusco.

Según Huamán Poma de Ayala el Willac Umu estaba presente en cada Tahuantinuyo Camachic o Asamblea Imperial y se le consultaba asuntos de mucha importancia para el Estado. Luis Valcárcel señala que era Willac Umu quien le colocaba la mascaypacha roja al Hatun Auqui el día en que éste se convertía en el nuevo Sapa Inca.

HATUN AUQUI

El Hatun Auqui

El Hatun Auqui era el hijo del Sapa Inca designado como sucesor imperial. Todos los investigadores contemporáneos coinciden en señalar que el derecho sucesorio no recaía necesariamente en el primogénito, sino en el hijo que demostrara más aptitudes como líder, administrador y guerrero. Incluso, podían aspirar al título los hijos de las esposas secundarias.

Era elegido por el Sapa Inca, pero también debía ser aprobado por el Tahuantinsuyo Camachic y consagrado por el Sumo Sacerdote, el Willac Umu, quien antes debía consultar con los dioses. El hijo designado recibía la mascaypacha amarilla y ya como Hatun Auqui acompañaba a su padre en el palacio, dirigía campañas militares, se adiestraba en asuntos administrativos y participaba en las más importantes ceremonias civiles y religiosas. Los estudiosos como Waldemar Espinoza denominan a esta figura el “correinado”, por la cual el nuevo Sapa Inca asumía en mando con suficiente experiencia y reconocimiento. El caso más conocido es el de Pachacútec y su hijo, el gran estratega y conquistador Túpac Yupanqui.

Para María Rostwsotrowski, la costumbre de otorgar el gobierno al que demuestre más aptitudes generó muchas intrigas y sangrientos enfrentamientos por el poder, como las que ocurrieron para suceder a Wiracocha (1438) y Huayna Cápac (1530-1532).

TOCRICOC

Los tocricoc

Cada uno de los suyos se dividía administrativamente en huamanis o provincias donde gobernaban los tocricocs, tucricuts o apunchics. Generalmente un huamani coincidía con el territorio de un reino o señorío que anexado al Tahuantinuyo, así tenemos el huamani Huanca, el Colla, el Chincha, el Ishma, el Cañari, etcétera. Su nombramiento lo determinaba el Sapa Inca con la ayuda de los apocunas; se daba preferencia a los parientes del soberano o los de sus esposas secundarias que, precisamente, eran princesas de los reinos conquistados.

El tucritcut se encargaba del estricto control de las poblaciones y riquezas de sus provincias. Para mayor eficacia el Sapa Inca Túpac Yupanqui ordenó que la población sea dividida administrativamente en forma decimal. Así diez familias estaban a cargo de un Chunca Camayoc, cien a cargo de un Pachaca Camayoc, mil con un Huaranca Camayoc y 10 mil de un Huno Camayoc. Estos Huno Camayocs tenían estrecha comunicación con los tucricuts y lo ayudaban en el buen gobierno provincial.

Tener un preciso registro de las poblaciones por sexo, edades y actividades era obligación del tocricut, por ello tenía a su cargo a expertos quipucamayos que hacían censos con cierta frecuencia. De esta manera se podía vigilar el cumplimiento de las mitas o trabajos por turnos para el Estado. Toda la información era derivada a los tucuy ricocs, a los apocunas o al mismo Sapan Inca cuando así lo requerían. Según Waldemar Espinoza los tocricuts tenían ayudantes personales llamados michocs que se desempañaban como tenientes gobernadores en las provincias.

Otras funciones importantes del tucricut eran: vigilar la paz y el orden, resolver conflictos entre curacas o poblaciones, proteger los caminos y tambos (albergues para viajeros), cuidar las colcas o depósitos estatales y confirmar los matrimonios.

En vista de que los tucricuts eran representantes permanentes del Estado imperial incaico ante las diferentes etnias conquistadas, tenían su residencia oficial en las afamadas llaqtas (centros administrativos) y tenían a su disposición a las tropas listas para actuar en defensa del orden tahuantinsuyano. Entre las llaqtas más importantes tenemos a Vilcashuaman, en tierra de los chancas; Tambo Colorado, en tierra de los chinchas; Huanucopampa, en tierra de los yarowilcas, y Caxamarca, en tierra de los cuismancos.

Para terminar, recordaremos que estos funcionarios podían tener varias esposas, gozaban de comodidades, tenían yanas o servidumbre doméstica, vestían ricamente y se trasladaban en andas. Además, podían viajar al Cusco y asistir a la gran fiesta del Capac Raimi, en diciembre, donde podían compartir con la realeza y, con un poco de suerte, conversar un momento con el Sapa Inca.